RENDIMIENTO DEPORTIVO

Escrito por noeydali 03-07-2009 en General. Comentarios (0)

RENDIMIENTO DEPORTIVO

 

En las dos últimas décadas se han establecido las pautas para el análisis de la motivación en el ámbito deportivo, aspecto que en la actualidad, se considera como materia de investigación imprescindible y relevante. El conocimiento de la motivación que subyace a cualquier conducta humana, y en este caso a una determinada conducta deportiva, es el primer eslabón para modificar, mejorar, e incluso "manipular" dicha conducta. Hemos de añadir que en la sociedad actual la práctica deportiva ocupa un lugar preponderante tanto encaminada a la salud y prevención de enfermedades, como a la actividad escolar y el deporte para todos; pero, sobre todo, el deporte de rendimiento es el que acapara mayor interés por su condición de espectáculo. La tendencia de los últimos años es mantener la práctica de aquellos individuos con posibilidades en el deporte competitivo, por tanto el potencial y, de hecho, existente abandono deportivo es otra de las grandes inquietudes de los responsables de los atletas. Para Martín-Albo y Núñez (1999) conocer las motivaciones de los deportistas es conocer la prevención del posible abandono.

 

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La motivación hacia el deporte ha sido tradicionalmente una de las preocupaciones principales de entrenadores deportivos de todas las modalidades (Morilla, 1994), y, por supuesto, la natación no podía ser una excepción. Esta modalidad deportiva, a nivel competitivo exige un alto grado de dedicación y esfuerzo, y como sucede en diversas modalidades individuales principalmente, la renuncia a otro tipo de actividades que pudieran ser consideras como más atractivas y fecundas que las horas de entrenamiento (Joven y Solé, 1999). Las causas que provocan la participación en la natación de competición, un deporte con ciertas contrariedades (monotonía, aislamiento, niveles de exigencia elevados,...), son el referente inicial de este estudio.

 

La intensidad y dirección del comportamiento deportivo (González, 1997) o a la intensidad y dirección del esfuerzo (Sage y Loudermilk, 1979) son variables que determinan la motivación.

 

Skubic en 1956 llevó a cabo un estudio pionero a cerca de los motivos de participación en las ligas infantil y juvenil estadounidenses de béisbol; los resultados obtenidos pusieron de manifiesto que jugar con otros jóvenes, divertirse y superarse, eran las razones citadas con más frecuencia. A partir de los años 80 se consolida la investigación en el contexto deportivo (Sapp y Haubenstricker, 1978; Gill, Gross y Huddleston, 1983; Gould, Feltz y Weiss, 1985; Klint y Weiss, 1987; Raugh y Wall, 1987; Brodkin y Weiss, 1990, Balaguer y Atienza, 1994; González, Tabernero y Márquez, 2000; López y Márquez, 2001), y desde entonces aparecen diversos modelos de investigación motivacional en el ámbito del rendimiento (Martín Albo, 1998).

 

La mayoría de estas investigaciones se caracterizan por la falta de intervención, es decir, determinan aquellos motivos que llevan a practicar una o varias actividades deportivas, y a establecer una serie de correlaciones en función de diversos aspectos, pero no se ha observado la aplicación de estas investigaciones al contexto deportivo (Martín-Albo y Núñez, 1999).

Existen diversas clasificaciones de motivación en función de difrentes criterios de las cuales una es comúnmente aceptada por la mayoría de investigadores y especialistas (Bakker, Whiting y Van der Brug, 1992; González, 1997; Duda, Chi, Newton, Walling y Catley, 1995; Briére, Vallerand, Blais y Pelliter, 1995; Weinberg y Gould, 1996; Chantal, Guay, Dobreva-Martinova y Vallerand, 1996), y es: motivación intrínseca y motivación extrínseca.

 

González (1997) define de forma muy sencilla la motivación intrínseca (M.I.) como la práctica de un deporte por el placer inherente al mismo.

 

En el caso de la motivación extrínseca (M.E.), podemos decir que se basa en tres conceptos (Reeve, 1994):

 

a) Recompensa: objeto ambiental atractivo que se da al final de la secuencia de conducta y que aumenta la probabilidad de que esta conducta se vuelva a repetir.

 

b) Castigo: objeto ambiental no atractivo que se da al final de la secuencia de una conducta y que reduce las posibildades de que ésta se vuelva a dar.

 

c) Incentivo: objeto ambiental que atrae o repele al individuo a que realice o no realice una secuencia de conducta.

 

La amotivación según Deci y Ryan (1985), citado por Matín-Albo (1998), corresponde a un estado de no regulación, y es diferente de las motivaciones intrínseca y extrínseca. Este término se refiere al individuo que ya no percibe las contingencias entre sus acciones y los resultados que él se propone.

 

Los conceptos de motivación intrínseca y extrínseca no son excluyentes, sino que pueden darse de manera conjunta, sumándose una a la otra. Por ejemplo, un nadador puede practicar la natación porque le gusta y además porque le pagan por hacerlo.

 

La M.I. es aquélla que tiene el propio nadador, y es una mezcla de distintas circunstancias relacionadas en muchas ocasiones con aspiraciones personales.

 

La M.E. es aquélla que proviene del exterior y que solemos adjudicar a las características del deporte o las propuestas del propio entrenador.

 

Abandono y motivación son dos conceptos estrechamente ligados. En este sentido Cervelló (1996) afirma que el abandono deportivo es un indicador muy importante de la motivación en el deporte, entendiendo el primero como la falta del segundo. Con la propuesta que expondremos posteriormente, pretendemos poner al alcance del entrenador un medio que le permita incrementar la motivación de los nadadadores para así evitar el abandono de la práctica.

 

El auge investigador en este ámbito aparece íntimamente unido al de los motivos de práctica, y por lo tanto es a partir de mediados de los años 70 y durante la década de los 80 cuando aparecen un mayor número de investigaciones al respecto (Orlick, 1973; Orlick y Botterill, 1975; Sapp y Haubenstricker, 1978; McPherson, 1980; Pooley, 1981; Gould, Horn, Fetz y Weiss, 1982; Burton y Martens, 1986; Volp y Keil, 1987). En estas investigaciones nos encontramos otra vez con el problema de falta de estandarización y de especificidad de los instrumentos de medida, lo cual torna complicado el establecimiento de comparaciones entre estudios.

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